MITOS O LEYENDAS



En el tiempo de los Virreyes, cuando todo era real: Los caminos y  los puentes y la palma secular: hasta el pavo que en su cola extendía forma de altar; se dice  que en ese sitio montañoso por demás, vivió el cacique de Ubaza como señor Feudal. Al otro lado del río en la rivera oriental, vivían dos mocitas: La Mónica y Trinidad. La segunda era bonita, la primera un poco más. Quiso el Cacique invitarlas  a su mansión señorial y bajo  a la orilla del río  que en esas creciendo está, gritándoles  desde este lado  que tuvieran la bondad, de ir hasta su bohío a pasar la Navidad. Trinidad le contesto desde la orilla de allá: Tenga mi señor mío  la  mayor seguridad,  de que yo no puedo ir pero si Mónica irá devolviéndose el gran señor  lleno de felicidad, para  con ésta noticia se calmara su ansiedad, más contento que unas pascuas, cuando se pueden gozar.

Pero resulta que el río fue creciendo más y más, que al cabo de mucho tiempo no da trazas de mermar; fue perdiendo la esperanza, ya cansado  de esperar, de que la pobre indiecita no llegará jamás. ¿Cómo podía estar tranquilo y estar su espíritu en paz? El de Ubaza quedó sólo en su mansión señorial.

Mónica irá repetía.
Todos los días sin cesar,
hasta que al fin esa frase
se fue haciendo proverbial.

Y en medio de su congoja
quiso al cacique fundar
un pequeño Caserío

al frente de un platanal
y a la frasecita aquella
le quito Una A
para Formarle su nombre
y le llamó Moniquirá




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